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La Coctelera

De palabras a relatos

Carpe diem. historias breves, mini cuentos, poemas.

27 Febrero 2007

Paraíso perdido

Cuando Ale me dijo que estaba embarazada no lo pude creer. No lo buscábamos. Entre lágrimas decidimos que naciera. Nuestras vidas darían un gran vuelco que aceptamos con miedo. Cuando le conté a mis padres, ellos no pudieron ocultar su alegría, en cambio, los de Ale armaron un escándalo, incluso asomaron la idea de un aborto.

¿Cómo haríamos?, ¿Dónde viviríamos? No había respuestas.

Poco a poco fuimos inventando. La boda de rigor, muchísimo menos fastuosa a la imaginada por Ale durante años. Un apartamento alquilado. Citas al doctor. ¡Será niño! Escogimos el nombre. Arturo. Meses de ajustes. Espera, miedos. El parto. Arturo falleció. Ale también.

Pasé más de dos meses recluido en casa, la de mis padres, a donde volví. Me despidieron del trabajo por mis ausencias recurrentes. La mayoría de mis amigos me había dejado de llamar, desalentados por mis negativas. Sólo Federico persistió, "Anda Andrés, contéstale", me dijo mi mamá. Lo hice para complacerla. La idea de Fede me pareció descabellada. Irnos a la Gran Sabana a encaramarnos en el Roraima, el tepuy más grande de todos. Fede tenía meses trabajando en Expedición, un programa de TV que documentaba parajes naturales venezolanos. No conocía a sus compañeros de trabajo, y me sentía sin fuerzas, ni para subir las escaleras de mi edificio me alcanzaban las que tenía.

Sin embargo, acepté. Había escuchado que la concentración de energía de los tepuyes era tan fuerte que muchos que los recorrían enloquecían. En esos meses había sentido varias veces que en cualquier momento perdería la razón. Necesitaba hacer algo o no habría vuelta atrás, y esa llamada significaba eso, algo, ¿la mano salvadora? Fede se rió cuando le dije que yo no sabía escalar. El ascenso sería en helicóptero.

Justo una semana después, estábamos sobrevolando el río Orinoco y la selva amazónica, escuchándole al jefe de la expedición que los pemones creen que los tepuyes son dioses que quedaron petrificados.

Al instalarnos en la posada, salí a conversar con el muchacho que nos ofreció sus artesanías en la entrada. Quería indagar acerca de los casos extraños de los que tanto se hablaba que ocurren en la Gran Sabana. Pune, así me dijo que se llamaba, me mostró unos dibujos hechos por él. En todos había una de luz que rodeaba a las inmensas formaciones rocosas. Según él, era común ver luces a su alrededor cuidando a sus dioses protectores que ahora sólo dormían, pero que algún día despertarían. Me contó que mucha gente bajaba de los tepuyes muy cambiada. "¿De qué manera?"- le pregunté. No contestó, dijo que se tenía que ir, se fue corriendo.

Entré y le pregunté a la dueña de la posada acerca de los casos extraños que ocurrían con los tepuyes. Me contó que una noche se despertó por un ruido, cuando se asomó por la ventana vio bajar del Roraima una "bola de fuego", que antes de llegar a la tierra desapareció. No quiso hablar más. Me acosté preguntándome cómo no se sabía más acerca de esto.

A la mañana siguiente, le pregunté al guía de la excursión. "En ocasiones se producen distorsiones del campo visual por el contraste entre la falta de luz y el brillo de las estrellas. Son meros efectos de percepción óptica"- me respondió para aquietarme, pero no le creí, y le conté a Fede que tenía miedo de subir. Se rió, y entre bromas y empujones me obligó a recoger mi mochila y a correr al helicóptero que nos esperaba.

Al llegar a la cima, la sensación era la de estar en otro mundo. Había plantas con hojas gigantes de colores que jamás había visto. Pequeños riachuelos, diminutos lagos, un oasis rodeado de cuevas con estalactitas que formaban figuras hechas de rocas multicolores... El grupo estaba fascinado. Cuando volteé a mirar una palmera, no vi un hueco. Caí. Me fracturé un tobillo.

El médico del grupo me enyesó. Me armaron una carpa, y acordamos que los esperaría allí por un día y una noche. No había forma de ser buscado por el helicóptero y ellos debían terminar de grabar el recorrido hasta el otro extremo de la cima. Fede me preguntó si quería que él se quedara haciéndome compañía. Me negué, lo convencí de que siguiera con el grupo. Nada me pasaría, estaría "todo bien".

Ellos me dejaron comida y me abrazaron todos. Al alejarse, Fede que iba de último me gritó que menos mal que no me fracturé la mano, porque ¡así podía hacerme unas cuantas pajas! No quise salir de la carpa. Me habían advertido que nosotros éramos el único grupo en ese momento en el Roraima. Me dejaron un radio contacto que funcionaba a medias por las interferencias. Luché por no estresarme, el guía me había dicho que no había animales peligrosos. Me encerré en la carpa, intenté dormir, no pude.

A las 4 de la tarde cayó la noche. Una lluviecita interminable me heló hasta el alma. No tenía visibilidad a más de dos metros a la redonda. Todo lo que veía era neblina casi sólida, que perfilaba las rocas y rozaba el suelo. Comencé a sentir un cosquilleo. La sensación de soledad y de fragilidad se adueñaron de mí. Siguieron horas eternas en las que comencé a escuchar ruidos intermitentes. Eran pasos. No me atreví asomarme. Una voz me heló. Era de Ale, la mujer que iba a ser la madre de mi hijo.

"Andrés, sal para que veas a Arturito".

Unas manos tocaron la carpa. Hundieron el techo y los costados. No puedo describir lo que pasó. La locura se adueñó de mí. Tras haber perdido a mi mujer y a mi hijo me estaba perdiendo a mí mismo, pero cuando los vi... cuando vi lo mucho que Arturito se parece a mí....

Al despertar ya había amanecido, Ale y el bebé se habían ido. Salí arrastrándome con el yeso, y me encontré con la nada nuevamente. Tuve la sensación de que alguien me miraba detrás de la carpa. Era una sombra que se movía. Pasos nuevamente. Le grité que se detuviera. No contestó. A los pocos segundos las pisadas se desvanecieron. Entonces oí algo perturbador. El llanto de un bebé cada vez más amortiguado por la distancia.

A las horas volvieron Fede y sus compañeros del programa, no me atreví a contarles nada. Se asustaron por mi cara. Me preguntaron mil veces si había pasado algo, que por qué no los miraba a los ojos. Me decían que no hacía frío porque yo no paraba de temblar. Me consolaron, llegó el helicóptero y me llevaron al médico. Le rogué que me ayudara a regresar a la cima de ese paraíso perdido, en donde estuve tras las huellas de mi locura que aún no termino de encontrar.

--

Los tepuyes son mesetas especialmente abruptas, con paredes verticales y cimas muy planas (aunque no aplica en todos los casos), compuestas de cuarcitas y areniscas. Son característicos del denominado Escudo de las Guayanas, principalmente en la zona de la Gran Sabana venezolana.

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15 Febrero 2007

Potes, frascos, cartón

Llevaba una gran bolsa con su changuito. Tenía luz para cruzar. Al subir la acera, la bolsa se cayó. Los potes, frascos y cartones quedaron esparcidos por el piso. Levantó la bolsa con esfuerzo y recogió todo lo más rápido que pudo. Aprisionando con sus manos se lastimó. Gesto de dolor. Sangre. Maldijo. Caminó por la vereda, antes de llegar a la media cuadra regresó. Respiró hondo. Buscó un papel para limpiarse. Una servilleta, la manchó de sangre, la tiró. Se sentó en el piso, miró alrededor. Gente de paso acelerado, algunos volteaban hacia él, pero cuando él los veía giraban sus rostros en otra dirección. Al rato se levantó, siguió con su labor. Vio una bolsa de basura frente a un edificio, se acercó, la rasgó, sacó un cartón y un botellón. Volvió a su changuito, hizo un gran esfuerzo para proseguir y partió en busca de más potes, frascos y cartón.

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2 Junio 2006

Se llamaba Paty

Se llamaba Paty. Uso el pasado porque acaba de morir. Katiuska me llamó para contarme. Me quedé con las ganas de sentarme al lado de su cama para verla hablar por teléfono.

Por teléfono Paty contactó a Katiuska hace tres años. John, un amigo de K, le había prometido ayudarla a conseguir trabajo. Él trabajaba con lisiados. Paty sufría de una enfermedad que la tenía prácticamente paralizada del cuello para abajo. Necesitaba que la atendieran en todo momento, para ella trabajaban cuatro personas en cuatro turnos de seis horas, dos diurnos y dos nocturnos.

Cuando K atendió la llamada de Paty jamás pensó que quien le hablaba no podía mover su cuerpo, tampoco le pasó por su cabeza que la portadora de esa voz sería una de las personas más importantes de su vida.

K fue citada para esa misma mañana, y a las dos horas estaba cumpliendo con el llamado. Le abrió una chica morena; por su acento supo inmediatamente que era dominicana. Paty la esperaba en la segunda planta. K se sorprendió al verla, su cuerpo era muy pequeño. Paty le pidió que se sentara a su lado y le contó acerca de la enfermedad que sufría desde los tres años. Luego le explicó de qué se trataba el trabajo: bañarla, darle de comer, leerle y hacer algunas tareas domésticas que ella le asignaría.

-¿Te interesa? – preguntó Paty mirando a K fijamente para evaluar su reacción.

- Sí, pero tengo un problema. Yo no tengo los papeles en regla para trabajar en los Estados Unidos.

- Sólo te pregunté si te interesaba el trabajo. Yo decido a quién contrato.

Paty le confesó que la gente de Latinoamérica eran sus favoritos. "Son cálidos, me dan buenas ideas, me hacen pasarla mejor. Acá ha trabajado gente de todos lados del mundo. Esto es como una oficina de las Naciones Unidas", le dijo riendo.

A la madrugada siguiente (6 a.m.), K volvió a tocar la puerta, preparándose psicológicamente para hacer todo lo que se había imaginado durante la noche. Su horario era desde las 6 de la mañana hasta las 12 del mediodía. Le abrió la misma dominicana. K sería su reemplazo. Se llamaba Verónica y al fin había logrado ahorrar suficiente dinero para volver a Santo Domingo a estudiar una carrera. Sólo le restaba trabajar por ese día en el que entrenaría a su sucesora.


Cuando subieron a la segunda planta, Paty tenía puestos unos audífonos y hablaba por micrófono. Era todavía de madrugada; a K le pareció un poco extraño. Del baño salió un chico. Verónica los presentó.

- Diego es nuestro argento que es la bomba. Lleva más de un año trabajando para Paty desde las 12 de la medianoche hasta las 6 de la mañana.

- Mira vos, qué alegría que la que viene es más linda que la que se va - bromeó Diego- ¿y vos de dónde sos?

- Un placer, me llamo Katy y soy de Venezuela.

- ¡Ah pero con razón! ¡Vos sos una Miss! Mañana me quedo un rato y charlamos, hoy me caigo del sueño -volteó a ver a Verónica-. Boluda, sabés que no soy bueno para las despedidas. Sé que te va a ir rebien. Por favor, escribime, no olvidés.

- Ay Dieguito, gracias por todo, allá en República tienes una casa, y ahora vete si no me quieres ver llorando.

Ese día Verónica le fue explicando a K paso a paso las labores. Algunas eran muy sencillas; otras, como bañar a Paty, no tanto. Verónica y K hablaron de muchas cosas, mientras Paty atendía una llamada tras otra.

- Bueno, te explico -le dijo verónica-, porque imagino que no entiendes bien lo que está pasando... A ver... bueno mejor acércate a la puerta y escucha.

K lo hizo. Aunque Paty no hablaba muy alto y el inglés de K no era perfecto, escuchó: "I would like to suck every single part of your dick”

K volvió a mirar a Verónica. Ella le explicó. "Paty tiene una línea caliente, no lo hace por dinero, lo hace porque le gusta. Tiene clientes que la llaman casi todos los días. Es una profesional. Paty es como una válvula de escape para los que necesitan tener un lado oculto, para los que quieren una doble vida y no se atrevan a tenerla realmente”.

A K le pareció fascinante.

...

Hace media hora K me llamó para contarme que Paty murió. Hará un poco más de un año, después de tres meses hablando por teléfono con K, le insistí a más no poder para conocernos. Me dijo que su maestra le sugirió que jamás conociera a un cliente. Pero mi insistencia fue tal que la hice romper con la regla. Cuando nos conocimos, K me gustó más de lo que había imaginado. A los días, K me contó esta historia que escribo ahora, cuando me entero que Paty dejó de existir.

K y yo nos casamos la semana que viene. Nuestra luna de miel iba a ser en San Francisco para visitar a Paty.

Quiero hacer una llamada.

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22 Mayo 2006

Pasó

Las primeras frases que me dijiste no las pudiste terminar. Jadeabas. Ojalá no fumaras tanto. Bajaste corriendo las escaleras de tu edificio para alcanzar el último tren dirección a Catedral, el mismo que quería tomar yo que me retardé en salir.
Sentado en ese banco, llegaste tú, y me saludaste con la mirada. Esperábamos los dos un tren que nunca llegó. Te pregunté si será que no pasaban más... y pasó. Pasó que nos sentimos contentos de encontrar compañía. Pasó que intercambiamos monedas por cigarrillos para poder tomar el mismo colectivo. "Creo que te quedo debiendo, ¿no quieres otro?". Pasó que quisiste dejarme encaminado en un lugar para que sólo tuviera que seguir derecho, y cuando cruzamos una calle me tomaste del brazo, como a un niño. Pasó que eso me gustó. Pasó que queríamos seguir estando juntos, pero tú tenías que ir con tu amigo a San Telmo y yo con el mío a Puerto Madero. Pasó que combinamos para el día siguiente. "¿Te parece muy temprano a las seis de la mañana en el mismo banco donde nos conocimos?" Pasaron muchas cosas más, que para qué contarlas, si tú y yo sabemos lo que pasó.

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15 Mayo 2006

Correspondencia

Hoy podría ser uno de mis mejores días,
¿quisiera que todos mis días fueran así?
¿podría digerirlos?

Una vez escuché que las parejas se pelean porque necesitan respiros.

En los tiempos que no son tan buenos se crean o no las bases para que lo positivo refluya.

ahora sólo me atrevo a recomendarme: entrégate a lo que intuyes que te corresponde.

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15 Mayo 2006

Piedad

 

Entraron a la estación de servicio que abría las 24 horas.  Llevaban sus harapos como si fueran trajes de gala confeccionados a su medida. Se acomodaban sus bufandas irguiendo sus barbillas. Las dos permanecieron de pie, en el medio del lugar, al parecer esperaban un asiento, aunque de las trece mesas del local cinco estaban desocupadas. Varios grupos de estudiantes, parejas, hombres solos queriendo fumarse lo que les quedaba de vida. Otra mesa se vació, ellas no se movieron. Una le dijo a la otra en tono quejoso: "esto no es un lugar de estudio". En eso, dos muchachos que estaban sentados en una de las mesas de los extremos, cerraron sus cuadernos, se levantaron y salieron. Y como si lo tuvieran ensayado, ellas marcharon al unísono, se sentaron, se dijeron cuatro palabras, cerraron sus ojos y a los cinco minutos dormían, cabizbajas.
Una vendedora le preguntó a la otra si llamaba a la encargada, esta no era la primera vez y debían seguir órdenes. La de la caja se fijó en el rosario que colgaba del cuello de una de las dos mujeres, se fue en su pensamiento. A los tres segundos volvió y dijo: "Dejémoslas dormir, así nos hacen compañía".

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2 Febrero 2006

Las veces que nos acercamos no lo supimos

Tú te escondías, yo te seguía,
A veces era al contrario.
Cruzamos lagos, bosques.
Las veces que nos acercamos no lo supimos.
No funcionó el instinto, tampoco el azar,
pero,

cuando dar un paso más era un total absurdo,

me/nos sentí/mos,
y el andar de antes, y el andar que vendrá,
recobraron sentido.

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31 Enero 2006

España tiene un color especial

Luego de haberla visto en tantas películas y fotos, de haberla imaginado una y otra vez; conocerla es de lo mejor que me ha pasado.
Al llegar a Madrid me voy a la Plaza Mayor en donde no hay banquetas, si quieres sentar las posaderas puedes usar el asiento más grande del mundo: el piso. Allí leo mi pequeña guía de viajes, dice que en esta plaza hace siglos se organizaban mercados de ganado, corridas de toros y procesiones religiosas. Doy un vistazo alrededor, hay fulgor, juegos de colores, mezclas de flores y balcones. Me quedo un rato cuasi hipnotizado viendo un lienzo en el que, como por arte de magia, a partir de los trazos de un caricaturista, surge el chistoso rostro de Cantinflas.
Bajo por un calle. Una china se me acerca rápido y comienza a ofrecerme algo. Me persigue, se me encima. "Leciba masaje pol sólo tle eulo, balato, balato".
- ¿Masaje? -Le pregunto con los ceño fruncido.
Ágilmente se me acerca y comienza a amasar mis hombros, le digo que no tengo eulos para darle, pero sigue esmeradamente con su labor. La detengo, le doy las gracias y una moneda (de quinientos bolívares), y la pobre china, al ver el metal, queda más china todavía.
Veo con detalle las tiendas, la gente: estatuas vivientes, niños jugando, mochileros, pienso que si viviera en esta ciudad no tendría que viajar al exterior para conocer gente todos los países. Basta con dar una vuelta para encontrar muchas sorpresas. Camino disfrutando, como si con cada paso me comiera un pedazo de torta que me quiero tragar entera.
Visito La Latina. Me asomo por la ventana de un restaurante en el que unos músicos tocan flamenco y unas bailadoras hacen lo suyo. Decido almorzar allí, pido un Salmorejo. Mientras me deleito con mi plato, pienso en la música. El flamenco demuestra el cruce de culturas. La cantante hace gestos, desangra sentimientos que corren por sus venas. Sus cantos son melancólicos y alegres, invocan dolor y euforia, como el sexo. Golpes, taconeos, palmas, pausas ¡Anda! ¡Arriba! ¡Vamos guapa! ¡Olé!
El corazón me bombea, me siento inundado de pasión. Pienso en la "Madre Patria". Mi emoción de pronto se ve interrumpida al leer el titular de un diario en un kiosco. "Gobierno español establecerá nuevas medidas en contra de la inmigración latinoamericana". Nuestros países recibieron a los españoles con los brazos abiertos cuando estuvieron en guerra (a pesar de los miles de perjuicios que nos hicieron en la colonización). Recuerdo el comentario de un profesor de la Complutense: "Todo el daño en vuestras tierras americanas lo hicieron vuestros abuelos, los míos estaban aquí en Castilla".
Me subo al metro. Varios pasajeros leen los diarios que regalan en las entradas: "Metro", "20 minutos", "Ahora".
- Próxima estación (la voz de un hombre).
- San Bernardo (la voz de una mujer).
- Correspondencia con (sus acentos muy castizos).
- Línea 2. Atención. Estación en curva. Al salir, tenga cuidado de no introducir el pie entre coche y andén.
Escucho las conversaciones que me rodean. Creo que tener solucionados muchos problemas básicos les permite pensar en cosas que a los latinoamericanos nos resultan más superficiales. Se preocupan por las eternas remodelaciones de los edificios públicos o por la pérdida de intimidad a causa de las cámaras de video colocadas en los espacios públicos.
Bromean. Nuevo anuncio: Estación Laguna. Una chica le dice a su acompañante:
- ¿Por qué no te bajas?, acá hay una laguna muy bonita.
Risas.
Un grupo de colegiales planifican juntarse a estudiar.
- Vamos a mi casa y allí comemos.
- ¿Y qué comeremos?
- Arroz
- ¿Arroz con qué?
- Arroz con arroz.
Más risas.
Pero lo gracioso no es sólo lo que dicen, sino el modo en que lo hacen. Sigo escuchando:
- Hace poco me preguntaron de dónde era, respondí: "Pos oshtia tía, shoy del coño de mi madre".
Esta manera españoleta de ser también la veo en los periódicos. En "El destornillador", una sección del diario "20 minutos" leo el "top ten" de los síntomas de que no duermes lo suficiente. Rescato unos:
10) Siempre te quedas dormido en los aviones y eso que eres el piloto, 9) Practicas el sexo en sesiones de dos minutos, espaciadas por siestas de media hora, 3) Pides a la taquillera del metro un cortado y un croasán, 1) Estás empezando a pensar que tal vez Michael Jackson es inocente.
Otra sección humorística: "Regalos ideales para cargarse el día de la madre" ("cargar" significa joder). Dos de ellos:
Báscula: Tan pequeña y capaz de generar tanto disgusto. Sólo superable por el bono del gimnasio.
Rulo: Hay mejores formas de criticar un peinado. Pero ésta es sin duda la más cruel.
Recorro la ciudad de noche con una amiga que tiene más de un año viviendo en Madrid. Me muestra un montón de botellas y vasos tirados en una plaza, me dice que eso es por los "botellones" (reuniones para beber alcohol al aire libre). "Estos tíos sí que saben disfrutar de la buena vida", me dice.
Las estadísticas dicen que Madrid es la ciudad con más bares del mundo, incluso muchos de ellos sólo tienen una mesa, o dos. En cualquier esquina se consigue uno y, por lo general, están petaos (a reventar). Entramos a uno y conversando se nos hacen más de las dos de la mañana, de pronto bajan la música gradualmente. en eso comienza otra canción cantada por los que nos rodean: "Una más y no jodemos más".
Nos vamos a otro bar llamado Lamiak (lamido en vasco). Conversamos con un tal Igor, un donostiarra que nos habla acerca de la aprobación del matrimonio gay en España. Le comento que leí en "El País" una crítica del PP que decía que los gays no debían casarse porque eran de naturaleza promiscua.
- Si los heteros no fueran igual de promiscuos -dice Igor-, no existirían los puticlubs, ¿o es que los del PP no van de putas? En un famoso hotel de la Castellana se la pasa la flor y nata de la derecha, y los travestís son los que más le gustan. Al salir de allí se bañan en casa y organizan una manifestación a favor de la familia. Esos fascistas aplican el dicho: haz lo que yo digo pero no hagas lo que yo hago. Para pasar el mal trago tomemos, me apetece una cubata.
Paseo por Alcalá de Henares en donde una casa se da el lujo de colocar este aviso en su entrada:
"Aquí nació Miguel de Cervantes Saavedra. El manco sano, el famoso todo, el escritor alegre, el regocijo de las musas".
Me encontré con un grupete de chicos de unos doce años, que jugaban en una plaza, portando armaduras, cascos y espadas, unos amarraban a los otros en un poste. Supuse que ensayaban una obra de teatro. Les pregunté si les podía tomar una foto.
- Sí puedes, aunque mañana seguro aparecemos en la primera página del periódico: "Grupo antiglobalización se encadena para protestar por la asistencia de Bush a los funerales del Papa".
Por supuesto, perdí el foco.
Espero el Bus 4 para regresar a Madrid. En la parada leo un letrero colocado por encima de una publicidad de cigarrillos:
"Mas cuando oigas de guerras y rumores de guerras, no os turbéis, porque es necesario que suceda así; pero aún no es el fin, porque se levantará nación contra nación y reino contra reino; y habrá terremotos en muchos lugares, y habrá hombres y alborotos; principios de dolores son estos". MARCOS 13:7-8.
Al frente de mí están una niña coqueta con su papá, tomados de la mano. Le pregunto al señor si le puedo tomar una foto a la niña y me responde que le pregunte a ella.
- Nena, ¿te puedo tomar una foto?
- Sí, pero sólo porque el autobús se está tardando mucho.
Volví a perder el foco.
Me subo al bus, suena Mecano. Me siento al lado de un brasileño. Le pregunto de qué vive, me cuenta que un amigo le paga 40 euros diarios por ayudarlo a pintar casas. Se me ocurre que esta podría ser una opción para mí. Pintar paredes no debe ser tan difícil.
Al llegar a Madrid me llevo la gran sorpresa de encontrarme en el metro a una finlandesa a quien conocí en Caracas, en donde ella fue a estudiar un año de su carrera. Me pregunta por los amigos en común.
-Cuéntame de Masacre, Sarna, Alzheimer (lindos apodos).
A Saija le encantan los latinos. Me cuenta que esta semana le presentaron a un tipo simpático, pero que no tenía nada de sangre negra ni india, es decir: "no tenía nada de interesante". Saija me invita al parque de Retiro. Allá inhalamos humos y ondas de bongos y tambores que rápidamente nos transportan a otra realidad. Detallo los rostros. Me parece que los ojos son tan vivaces como las almas que los mueven.
Al salir, me despido de Saija y me entregan una publicidad del campeonato mundial de Taekwondo. Veo que se está dando en ese momento. Llego al estadio cuando se enfrentan España versus Colombia. Desde las gradas se escucha el grito "¡Qué se pique, qué se pique, eh, eh, qué se pique, qué se pique eh!". Le pregunto a una pareja si Venezuela ya compitió. Él me contesta en son de broma: "no colega, pero eso es lo que estamos esperando". Interrogo a los organizadores. Me responden que sí, y que ya también fueron descalificados. La noticia me desanima un poco. Venezuela era muy buena en Taekwondo pero cuando aún no era un deporte olímpico. Busco la bandera de mi país, quiero saludar a los muchachos de la selección, no los veo, me los imagino paseando por la ciudad. Al salir del estadio me encuentro con una escultura impresionante: el dolmen de Dalí, con sus tres columnas de unos seis metros de altura que sostienen una roca gigante. Pasa una señora y me dice que antes la estatua estaba arriba de la roca. Le pregunto por qué la bajaron.
- ¡Anda!, porque una vez más han hecho una cagada.
Y sigue su camino.
En una baldosa del piso está grabada una de las frases de Dalí: "En un Universo infinito cualquier punto puede ser su centro. Cada uno de nosotros se yergue en este punto".
En el bus de regreso a mi hotel, la chica con quien comparto asiento, que no pasa de los 20 años, me cuenta que su novio le lleva 15 primaveras.
- ¿Y cómo lo conociste?
- Porque anteriormente estuve con tres amigos de él.... A los tres les cortaba el cabello. Yo soy peluquera.
Me asomo por la ventaba y leo un graffiti: "Papa puto, a Dios rogando y la bolsa llenando".
En el bus sonó la canción "Sevilla tiene un color especial".
Toda España tiene un color especial.

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