Alicia Vicenta, la rana reina

Alicia Vicenta daba saltos por el bosque sin nada que hacer, hasta que algo le cambió todo su acontecer.
Encontró una corona, muy dorada, muy brillante, que estaba hecha de oro y diamantes.
Cuando se la calzó en su cabeza, se sintió como una gran reina, mucho más importante que una princesa.
Aunque la corona le pesaba y también le molestaba, Alicia Vicenta suspiraba por estar al fin coronada.
Muy pronto notó que los animales del bosque la miraban con asombro, y ella comenzó a verlos por encima del hombro.
Se hizo famosa. "Alicia Vicenta, la rana reina" la llamaban. Se sentía hermosa, preciosa.
Por las tardes miraba y adulaba su corona: "eres mía, eres la más hermosa, corona mía, me he convertido en una diosa".
Una mañana Alicia Vicenta se despertó y dio su primer salto madrugador. Saltó tan alto, pero tan alto, que casi se cae por un barranco.
Alicia Vicenta estaba muy ligera, muy contenta se sintió, tanto que una carrera de saltos dio.
Aunque la alegría se le acabó cuando el mono le preguntó:
- Alicia Vicenta, ¿ahora serás atleta?, ¿ya no serás más la rana reina?
Ella extrañada lo miró, hasta que cayó en cuenta de lo que le pasó.
- ¡Oh Mono!, he perdido mi corona. Estoy triste, estoy que lloro. ¡Mi corona de diamantes es lo que imploro! ¡Mono, ayúdame ya!, quiero mi corona aunque esté en el más allá.
- Pero Alicia Vicenta, olvídala ya. Si cuando te vi corriendo y dando saltos, pensé que el deporte era tu nuevo encanto. Alicia Vicenta tienes talento, sería bueno que lo aproveches en este momento.
La rana respondió:
- Yo no quiero ser deportista, ni maratonista. Quiero mi corona de oro y diamantes. Ayúdame mono, por Dios, no seas tan flojo hazme el favor.
- No puedo ahora, Alicia Vicenta, estoy haciendo las de pichonero, por no decir, las de niñero. Cuido los hijitos de Mamá Pájara, que ella está buscándoles la cena. Deberías tú ayudarla a ella. Hay escasez de gusanos, me lo dijo el marrano.
Alicia Vicenta se molestó:
- ¡¿Cómo no te das cuenta de la importancia de mi corona?! ¡Dejarla perder sería más que un disparate! ¡Tú lo que estás es loco de remate!
Alicia Vicenta corrió y corrió, o mejor dicho, saltó y saltó, pero no sabía hacia dónde ni por dónde. Su único deseo era ver el resplandor que antes brillaba en su cabeza.
Aunque ahora podía andar más, se sentía perdida, casi rendida. Cuando volteó a las alturas, a Mamá Pájara vio, y saltando y gritando le preguntó por si la vio.
- No, Alicia Vicenta. No he visto esa corona. Mis pichones tienen hambre y casi tengo hasta calambres. Más bien tú dame una manito, entre las dos seguro encontramos unos gusanitos.
Alicia Vicenta le gritó.
- Pero Mamá Pájara, ¿cómo no entiendes? Te he dicho que perdí lo más valioso para toda la gente. De oro y diamantes está hecha, ¡mi corona, mi diadema! Siento que me hirieron con una flecha, y me han dejado toda maltrecha.
- Yo sigo, pero antes de irme te recuerdo algo: la vida de mis hijos no tiene precio, y ten por seguro que vale mucho más que el oro, muchísimo más que un gran tesoro. En cambio tu corona no tiene ni alma por más cara que sea, ni acá ni en donde sea.
Mamá Pájara voló y Alicia Vicenta saltó, desesperada, malhumorada, hasta que en un hueco cayó, era la madriguera del Topó Llorón. En cuanto lo vio, le imploró:
- ¡Topo Llorón!, ¡yo también quiero llorar!, ¡he perdido mi corona!, ¡la necesito ahora!
- Yo no la he visto -respondió entre sollozos-, y aunque por ti me quiera lamentar, tengo mucho que trabajar antes de que al invierno se le ocurra llegar. Ahora que te veo, una idea se me ocurre, ¿me podrías colaborar a sacar un poco toda esta mugre?
- Pero Topo Llorón, ¿qué te pasa? Será que de tanto llorar se te olvidó cómo pensar. No tengo tiempo para ayudarte ni para consolarte, yo tenía una corona de oro y diamantes, ¡y necesito encontrarla cuanto antes!
Alicia Vicenta emprendió su carrera y llegó hasta la carretera. El cansancio la venció y dormida se quedó.
Al poco rato vio un resplandor, saltó y saltó hasta que llegó a su alrededor. Rodeada de coronas se encontró, eran casi un millón.
"¡Coronas mías, las extrañé de noche y día! ¡Ahora seré la rana reina de las reinas! ¡Me siento bella, seré toda una estrella!".
Alicia Vicenta se las comenzó a poner, y su cuello le comenzó a doler. Así pasó la mañana y la tarde hasta que se le hizo re tarde.
Alicia Vicenta ahora tenía hambre, pero no podía apartarse ni siquiera un instante.
De pronto se sintió muy solita, porque una reina necesitaba una corte, aunque sea chiquita.
Los otros animales, tendrían que alabarla, más que quererla, les correspondía adorarla.
En eso, un gran ruido escuchó. La bocina de un auto la despertó, la pobre Alicia Vicenta casi murió. Las coronas eran un sueño, sólo una realidad de ensueño.
Alicia Vicenta agradeció que la vida la razón le devolvió. Sacudió su cabeza para sacarse la pereza. En eso vio un gusanito surcando un caminito, y pensó en Mamá Pájara y en sus pichoncitos. Allá se los llevó, Mamá Pájara le agradeció, y la invitó a tomar un té en el árbol.
Cuando Alicia Vicenta se despidió, Mama Pájara le dijo algo que la sorprendió.
- Alicia Vicenta, ahora eres más simpática que cuando te creías una reina tan antipática. Mejor dejar la nobleza para la realeza, y dedicarnos nosotros a ser nobles, sin coronas ni tronos ni falsos nombres.
Cuando Alicia Vicenta partió, del Topo Llorón se acordó. Lo fue a visitar a su madriguera y le preguntó si estaba en pie la invitación para remover aquella mugrera.
"Pero por supuesto que sí, claro que oui".
Alicia Vicenta con sus largos saltos echaba la tierra al barranco. Luego compartieron leche y galletas, y contentos se contaron cientos de cuentos.
El Topo Llorón lloraba de risa, le regaló a Alicia Vicenta una ensalada y una mermelada. Como si fuera poco, antes de dejarla ir, le quiso hacer un retrato de su perfil. Así la dibujó, una corona llevaba, pero no en la cabeza, sobre su corazón le brillaba.
Alicia Vicenta alegre y contenta se prometió no aferrarse más a metales ni a perlas. Es que aquella corona, le enseñó a vivir sin fingir.
A su familia quiso ir a ver. En su camino compuso una canción, que entre saltos y saltos, cantó y bailó:
"Lo esencial está lejos de lo material.
Ayudar, y compartir, es lo verdaderamente me hace feliz.
Ni todas las coronas de oro y diamantes del universo, me harían componer tan lindos versos,
En lugar de saltar...¡siento que puedo VOLAR!"