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La Coctelera

De palabras a relatos

Carpe diem. historias breves, mini cuentos, poemas.

17 Junio 2008

We love you

A pesar de los años que han pasado, recuerdo con exactitud cuando conocí a los Murray. Teníamos pocas semanas en California. Habíamos alquilado un monoambiente en Sacramento. Buscábamos trabajo desesperadamente. Jamás pensé que viviría en los Estados Unidos. Beto me cambió la vida, para bien y para mal.
Esta entrevista era para ser baby-sitter. Kevin me abrió y llamó a su papá con un grito: "¡Daddy!". Mr. Murray se acercó secándose las manos con un trapo de cocina, me invitó a pasar y a tomar un té. Me pareció extraño que fuera él quien me hiciera la entrevista y no la mamá de los niños. A la semana siguiente comencé a trabajar para ellos. Mr. Murray limpiaba la casa, cocinaba, llevaba a los chicos al colegio, compraba flores, hacía un postgrado en la Universidad de California y se sentaba a leer por horas en su escritorio. Mrs. Murray trabajaba todo el día como Ginecóloga en el Sutter Health Sacramento. Nunca llegué a verlos discutir. Los niños, Kevin y Steve, eran educados e inteligentes.
Las primeras semanas fueron la prueba de fuego. Los niños casi no me hablaron, hasta que cedieron. A los meses me sentía parte de la familia. Estaba contenta. Beto encontró trabajo en una pizzería.
A mediados de abril, los Murray viajaron a Los Ángeles y me encargaron el cuidado de sus plantas. En la cocina dejaron una torta para Beto y para mí. Al lado del pastel había un dibujo de una muchacha riendo, alta, flaca, con una cinta en el cabello. Reconocí que lo había hecho Steve. Había otro dibujo de Kevin. Allí estábamos los tres, él, su hermano y yo, tomados de la mano. Debajo decía: "We love you". Vi la foto de la familia en la puerta de la nevera. Estaban sentados en la grama disfrutando de un picnic. Se me salieron las lágrimas.
Pasó la primavera, comenzó el verano y yo me sentía como la hija mayor que tenía que colaborar con la crianza de sus hermanitos. Hasta que Beto me dijo que quería que nos fuéramos a España.
Cuando le conté a los Murray pude notar su tristeza, pero como dignos estadounidenses aceptaron estoicos. Sólo me preguntaron dos cosas: si estaba segura y si necesitaba algo. El corazón se me achicó. Tomé aire, les dije que todo estaría bien y les di las gracias por todo. Trabajaría un fin de semana más. Luego partiríamos a Madrid.
A mi despedida se sumó la de la madre de Mr. Murray. `Grandma´ tenía más de un año con Parkinson, pero aunque se espere la muerte jamás se predice cómo nos afectará. Otra partida que demostraba la constante transitoriedad de la vida, el eterno hello - good bye.
Al entrar a la casa ese domingo (mi último día con los niños), sentí el olor de la tristeza. Abracé a Mr. Murray (algo poco común en estas tierras), él me preguntó si podía ir a ayudar a su papá porque sentía que sería muy doloroso ver qué hacer con los objetos de su mamá, y a la vez tenía que llevar a Kevin al médico porque tenía un brote de alergia.
Abracé a los niños, Mr. Murray me dijo que me esperaban a las 9 de la noche para una cena de despedida en el mismo restaurante al que habíamos ido en mi cumpleaños.
Cuando llegué, `Grandpa´ ya había comenzado a retirar la ropa del closet. A pesar de que él nunca me había visto fumando, me ofreció un cigarrillo que acepté suponiendo que algo del dolor se puede anestesiar con el humo. El fuego se fugó del mechero y reapareció en la conversación. `Grandpa´ me dijo que quería quemar las cartas que le había escrito y mandado a ella cuando recién se conocieron. Pensé que tal vez se estaba apresurando, pero lo que yo pensaba poco importaba; y quizás el fuego era necesario para purificar, y enseñar a mirar hacia delante. Él subió las escaleras y bajó con una caja. Me dijo que encendería la chimenea y entre los dos arrojaríamos todo. Fue a la cocina a buscar kerosén, y en ese momento tomé varios sobres y los guardé en mi chaqueta.
--
Han pasado miles de días desde esa mañana.
Hace una semana, Alfonso me llamó para despedirse, me impresioné cuando supe que justo se iba a Sacramento. Pensé en las cartas que había guardado por más de diez años. Le conté la historia y le mostré esos papeles avejentados; él no aguantó la curiosidad y me preguntó si podía leer un poco. "21 de septiembre de 1941. It's impossible for you to know how much I think about you every single day..."
Le pedí que parara. Para mí esas líneas tenían algo de sagradas, no eran para nosotros.
- Te pido, por favor, que le entregues estas cartas a Mr. Murray. Y que le digas que no los he olvidado. Su dirección sigue siendo la misma. Antes de que llegaras busqué en el directorio de California, llamé y hablé con Steve, no puedo creer que ya tenga 17 años. Nosotros mantuvimos el contacto por un tiempo, pero luego se extinguió, parte de esas cosas que se pierden en la vida sin razón. Cuando llamé le dije que era una amiga de su papá y que un conocido que viajaría a California me haría el favor de hacerles llegar algo.
A los tres días, Alfonso tocó la puerta de los Murray, como lo había hecho yo hacía más de una década. También le abrió Kevin, pero su papá no estaba. Alfonso me contó que lo notó tan triste que le preguntó qué le pasaba. Hacía unos minutos habían llamado de la clínica para informar que su abuelo había muerto. Mi amigo le entregó las cartas. Kevin, no tardó en reconocer la letra.
Cuando Alfonzo me contó quedé muda por un rato. Pensé que esas cartas también tenían algo que decirme. Recordé a mi mamá. Marqué a Venezuela. Ella me atendió. Seis horas de diferencia, un océano y años de vida no compartidos nos separaban.
- Mamá
- ¿Tina?, ¿cómo estás mi amor?, tanto tiempo...
- Bien mamá... acá pensando en ti...
Comencé a llorar.
- Ay mi amor... ¿estás bien?
- Sí, te extraño.
- Nosotros también ‘miamor', nosotros te amamos.

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1 comentario · Escribe aquí tu comentario

rodolfoN

rodolfoN dijo

Daniel, leí todo el blog...Genial.
Realmente tenés "pasta".
Un abrazo y nos vemos

22 Junio 2008 | 09:37 PM

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Buenos Aires, Capital Federal, Argentina
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Nací en Caracas el 21 de septiembre de 1979. ))) Expansión ((( www.escribarte.com

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