Vuela Oddy

Sufres, tu enfermedad te confunde, te marea.
Cuando me acerco a ti, sacas tu lengüita y lames mis dedos, eres fiel incluso en tus peores momentos.
Te acaricio tus orejitas blancas y las recuerdo cuando te saltaban al correr, y también cuando te delataban al esconderte para que no te bañara.
Tantos recuerdos como el tormentoso: “Hay que sacar a Oddy” de mi mamá. Cuando me jalabas las medias mientras me vestía apurado para ir al colegio. Cuando llegaste a casa que no podías ni caminar porque te caías, pero muy pronto comenzaste a correr y saltar. Te comías las paredes porque te picaban las encías y llorabas si no te subíamos en los muebles.
Mi mamá dijo antes de que llegaras a nuestras vidas: “Miren que entra un animal por una puerta y yo salgo por la otra”, pero a la semana de conocerte los dejamos solos y al llegar nos dijo: “Hoy Oddy me dijo ma-má”.
Te bautizamos, te pusimos Oddy José Duque, y te celebramos todos tus cumpleaños con bombas y torta.
Cuando nuestros vecinos te veían se acercaban a acariciarte: “¡Hola Oddy!, ¿Cómo estás?”.
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Ayer, 30 de marzo de 2003, te llevé en mis brazos, junto a mi papá, a ese sitio al que no te gustaba ir. Al llegar a la casa del veterinario temblaste, y yo recordé el día en el que te vi por primera vez en una tienda de mascotas, temblando, 13 años atrás.
Te inyectaron, y poco a poquito te apagaste.
Cuando te vi acostado en esa tabla inerte te imaginé viajando como cuando ibas asomado por la ventana del auto. Con tu lengüita afuera, recibiendo el viento en la cara, como aquel personaje entrañable de la película “La historia sin fin”.
Anda Oddy, vuela a tu historia sin fin.
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Ed dijo
Oddy tal vez sea ese niño que llevas dentro.
Mediterrània te agregó a su listado de amigos.
Abrazos,
Ed
6 Diciembre 2005 | 09:20 PM