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La Coctelera

De palabras a relatos

Carpe diem. historias breves, mini cuentos, poemas.

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3 Diciembre 2005

Baño de agua fría

A Federico se le ocurrió darle una sorpresa. Sus compromisos en Río de Janeiro terminaron antes de lo previsto. Esa mañana, al despertarse, la llamó al igual que todos los días durante su viaje carioca, y ella, como de costumbre, le contó todo lo que había hecho desde la última llamada. Había estudiado, ido al mercado y al gimnasio. Él la escuchaba y se complacía de tenerla en su vida. Sonia era simpática, alegre, solía ver el lado positivo de las cosas.
En Maiquetía, al bajarse del avión, Federico pensó que los regalos que le traía eran pocos, y le compró un perfume. A medida que se acercaba a su casa, al pent-house que recién había comprado para que vivieran juntos, el corazón se le aceleró.
Al llegar al edificio, pensó en sonar el intercomunicador, la sensación que tenía no era de ansiedad sino más bien de miedo, aunque no sabía de qué ni por qué. No tocó, si lo hacía arruinaría la sorpresa. Despasó las cerraduras de la reja y la puerta sin hacer ruido. En el piso de la sala vio unos zapatos de hombre. En el pasillo un par de medias negras y un cinturón.
Le costó caer en cuenta. Sus oídos se encargaron de cerciorarle. Ese gemido de Sonia, inmediatamente pasó de amarlo a odiarlo. Un escalofrío lo tambaleó al tal punto que se tuvo que agarrar del marco de la puerta. Más rabia que tristeza. Más tristeza que rabia. Siempre le habían dicho que él era un hombre bueno, que era incapaz de matar una mosca, pero si hubiera tenido una pistola en ese momento tal vez la historia del hombre bueno habría cambiado. Fue a la cocina, abrió la nevera. Tomó una jarra de agua y fue al cuarto.
Sonia cabalgaba sobre un hombre muy velludo, sólo eso puedo distinguir. Les vació el jarrón encima y lanzó la jarra contra la pared. Ella quedó en shock, se sintió atravesada por otra parte de su cuerpo. Federico salió tirando las puertas.
Al día siguiente, él regresó. Una vez más abrió sin hacer ruido y una vez más escuchó un grito de Sonia. Esta vez eran sollozos. Ella le pidió perdón. Le dijo que era la primera vez. Le suplicó que le creyera que había sido sólo sexo y que nunca más volvería a ocurrir, se lo juraba por su vida. "Fede, por favor. Yo te amo. No tiremos por la borda lo que tenemos. Tú eres el hombre de mi vida". Él la abrazó. Hicieron el amor. Él le dijo que había pedido una semana libre en el trabajo, porque seguramente él había descuidado la relación. Le propuso viajar a Punta Cana. Él sabía que ella amaba la playa. Sonia no lo podía creer. Este tipo era un ángel. Se sintió culpabilísima, pensó que no se merecía a alguien tan bueno, pero, sobre todo, supo que no lo quería perder. Se juró tratarlo como nunca de ahora en adelante.
- Fede, te haré el hombre más feliz del mundo.
Él le pidió que no se hablara más del asunto.
Al día siguiente estaban en la Isla Catalina tomando cócteles. Cuatro veces y media habían hecho el amor desde que llegaron a República Dominicana. Ella se recriminaba una y otra vez haber permitido que Antonio llegara hasta donde se lo había propuesto desde que la vio. Sin embargo, la dominaba un sentimiento muy extraño, pues todo había resultado para mejor. Pensaba en la ironía de la vida. Transcurrieron cinco días de placeres: exquisitas cenas, masajes, compras, risas, ella no se cansaba de practicarle elogios a Federico. Hasta que llegó la hora del regreso.
Al regresar a Venezuela, en el taxi del aeropuerto a su casa, recordaron los mejores momentos del viaje. Carcajadas. Al llegar al edificio, Federico le pidió al taxista que esperara estacionado por un momento. Sonia no entendió. Se bajaron. Ella le preguntó por qué le había pedido eso al chofer.
-"Hasta acá llegamos. Tus cosas las empacaré y te las mandaré. Llama a mi secretaria y le dices a dónde"- le dijo mirándola a los ojos.
Federico se dio media vuelta, abrió la puerta, y recordó el miedo que había sentido hace una semana cuando llegó de Río de Janeiro, éste no era parecido al miedo que tenía en ese momento. Presintió un futuro solitario. No quiso voltear a verla. Sonia quedó atónita, sintiendo en todas sus entrañas este segundo baño de agua fría.

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1 comentario · Escribe aquí tu comentario

monika lazz

monika lazz dijo

Evitar que mi relación llegue a el punto del engaño es un verdadero reto diario para mí. Siempre lo ha sido. Por eso
vivo al filo del precipicio, para valorar lo que tengo.
Gracias Danny, está chidísima la historia y serviría como
desenlace final a cualquier gran película de Cine Suramericano.
Muy bien logrado tu punto, felicidades, nunca dejes de escribir. Nos lo debes a mortales como yo que vivimos a través de tu expresión artística-creativa.

27 Marzo 2007 | 09:45 PM

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Nací en Caracas el 21 de septiembre de 1979. ))) Expansión ((( www.escribarte.com

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