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La Coctelera

De palabras a relatos

Carpe diem. historias breves, mini cuentos, poemas.

Categoría: Entrevistas

6 Diciembre 2005

“No debes negar lo que forma parte de ti”

Nidesca Suárez nació en Caracas el 29 de septiembre de 1971. Estudió Letras en la Universidad Central de Venezuela. Ha realizado cursos de escritura, promoción de lectura y Derechos Humanos. En el 2002, ganó con su novela El Huevo del Mundo el premio “Francisco García Pavón”. Recientemente incursionó en la literatura infantil con su cuento Las Tortugas Raras.

Háblanos acerca del proceso de escritura de El Huevo del Mundo

En el 2000 cuando hice el taller de narrativa del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos surgió un grupo de literatura erótica llamado Los Perversos Orales. Allí escribíamos cuentos, leíamos y hablábamos, acerca del erotismo. Sentíamos que ese campo no estaba bien atendido en Venezuela, porque lo que se hacía era grotesco, pasaba a lo porno. A raíz de ese intercambio, me atrapó la idea de escribir un texto acerca de la masturbación femenina, tema poco tratado, porque a pesar de que estamos en una época en donde hay sexo por todas partes, aún hay muchos tabúes. Así fue como comencé a escribir un cuento protagonizado por una adicta a la masturbación, y el desarrollo de la idea me fue llevando y se convirtió en una novela. Cuando la terminé, la releí y sentí que había algo que no funcionaba y estuve a punto de mandarla a la papelera. En el momento en que lo iba a hacer se lo comenté a Daniel Pradilla (miembro de Los Perversos Orales, editor de Panfleto Negro y fundador del grupo Los Poetas en Tránsito), y él me pidió que no lo hiciera, porque había leído mis cuentos y le gustaba como escribía. Me sugirió que la dejara reposar y volviera a ella en unos dos meses. Así lo hice. Al cabo de ese tiempo supe lo que tenía que hacer: Voltear la cronología. Coloqué el primer capítulo de último y el último de primero. Cuando lo hice quedé satisfecha y la puse a concursar.

¿Te consideras más que todo una escritora de literatura erótica?

Soy muy oscura a la hora de escribir, pero no quiero ser encasillada en esa área. Por ejemplo, para mí escribir para niños es todo un reto. Me quito el sombrero frente a los que hacen literatura infantil de calidad.

El tratamiento de lo sexual siempre ha estado en mí. Mis padres me hablaban de sexo libremente, es decir, preguntaba y me respondían de acuerdo a mi edad. Recuerdo que el primer cuento serio que escribí iba de la problemática sexual. Fulgencio, el protagonista, era un homosexual reprimido, quien tenía una doble cara, su álter ego femenino era Lorraine. Reconozco que también influyó en mí el haber trabajado con los lacanianos, cuando inicié mis estudios universitarios fui secretaria de la Escuela del Campo Freudiano de Caracas. Recuerdo que me dijeron que me habían contratado porque había sido la única de las entrevistadas que sabía quién era Freud. Tenían una biblioteca muy extensa que yo aproveché, asistía a sus actividades y sucedió lo inevitable: me psicoanalicé por tres años, lo cual fue una experiencia muy rica y liberadora.

En realidad no escribo erotismo adrede. Comienzo a escribir la idea que me asalta y allí el sexo termina siempre teniendo cabida, pero es que el sexo está en todo, porque somos criaturas sexuales. En la Biblioteca Nacional cuando se reunió un comité editorial para evaluar mis textos, me contaron luego que dos señores mayores preguntaron peyorativamente: ¿qué pasa con esta escritora que sólo piensa en sexo? A mí me causó gracia, porque había enviado también textos de otras temáticas como los Derechos Humanos. A la mujer se le tiene prohibido que hable de sexo, esto no es algo expreso sino tácito. Se nos quiere ver como las vírgenes o las madres, amas de casa. Sólo hasta hace muy poco se comenzó a reconocer que la mujer también necesita y disfruta del sexo.

Desde la publicación de El Huevo del Mundo sabía que mucha gente me iba a condenar y señalar. Pero creo que lo que publicas ya no es tuyo, pasa a ser de la gente; y a mí me encanta que mis escritos generen emociones. Cuando fui a la ciudad de Tomelloso (España) a recibir el premio se me acercó una señora mayor, me tocó el hombro y me dijo: “Me hubiese gustado darte la enhorabuena, pero no me gustó lo que escribiste”. En ese instante caí en cuenta de que un grupo de personas me iba a rechazar, porque, además del contenido erótico, allí también cuestiono a Dios y a la Iglesia. Eso es algo que tampoco puedo evitar. En mi casa siempre se vio la figura de la Iglesia Católica desde un lugar muy crítico. Los elementos con los que creciste, inevitablemente y sin darte cuenta, los terminas plasmando en tus textos. Cuando te relees, te percatas de que volviste a incurrir en la misma temática, pero no debes negar lo que forma parte de ti. Siempre habrá personas a quienes les gustará y otras a quienes no. Es una locura tratar de complacer a todos. Complacerse a uno mismo es lo primordial.

¿Qué crees que hace falta para impulsar la lectura y las publicaciones en nuestro país?

Existe esa famosa frase de que en Venezuela no se lee. No manejo las estadísticas pero sé que se lee poco. Hay que tomar en cuenta que los estudios señalan que el 80% de la población venezolana vive en estado de pobreza. Entonces, es cuestión de prioridades. Si las necesidades básicas no están cubiertas no se va a comprar un libro. Pero hay mucha gente que tiene recursos y no lee. Pienso que la palabra clave es promoción, por esa razón incursioné en esa área. Una persona no va a leer si no se siente motivada. Yo leo porque crecí en un mundo rodeado de libros.

Actualmente trabajo con niños en los barrios que cuando ven los cuentos que les llevo lo hacen con mucha ilusión, se percibe magia en sus ojos. Me molesta cuando la gente me dice que para qué le llevo libros tan finos a esos niños. Yo respondo y ¿por qué no?, ¿acaso ellos no se merecen lo mejor? Si el ser humano crece desconociendo esa realidad, ¿cómo la va a buscar?

La promoción de lectura debe darse no sólo en los barrios. Muchos jóvenes de clase media y alta piensan que leer es un fastidio. La promoción debe comenzar desde el preescolar, y cuando se trabaja con niños se debe involucrar siempre al entorno familiar. Hay que reeducar a los docentes para que cuenten con herramientas de promoción. En la escuela la lectura es planteada como un deber que luego va a ser evaluado, y por lo tanto se ve como un castigo. Una vez un señor me preguntó si yo no les hacía un examen a los niños luego de la actividad de cuentacuentos; le respondí: si el placer se evalúa pierde su esencia. En el colegio asignan la lectura obligatoria de grandes clásicos de la literatura, y por esto, hay gente que le nombras estas obras y se alarman, porque quedan con un recuerdo casi traumático.

La otra parte es el marketing. Aquí falta estrategia de mercadeo, el libro es un producto y como tal hay que tratarlo. Eso no le quita su función cultural, educativa y placentera, porque no siempre el libro te tiene que enseñar algo. Aquí hay mucho mito con el libro. Sería ideal que el libro se promocionara en la radio, en la TV., que se colocaran afiches, que el autor visitara librerías para firmar autógrafos. Es decir, convertir al libro en un objeto de deseo.

Con el fenómeno de Harry Potter se demuestra que sí se puede impulsar la lectura, porque hay muchos que no tienen este hábito y se han leído los cinco libros que han salido hasta este momento. De hecho, Venezuela es el país donde menos se promocionó la salida del último Harry Potter. En otros países hicieron campañas de intriga y cuando al fin llegó el libro a las librerías había colas de gente esperándolo. No entiendo cómo en Venezuela las editoriales después de lo que invierten para lanzar un libro, no lo promocionan.

¿Te parece que en Venezuela se apoya a los escritores?

En cierto modo. Por ejemplo, hay talleres de escritura gratuitos, pero yo pediría más respeto para los autores, aunque estoy consciente que ese respeto se lo debe ganar uno mismo. Sé que hay que escribir muchísimo y publicar donde se pueda para demostrar que se es bueno. Me parece errada la actitud de no publicar si no te pagan, cuando aún no se ha alcanzado un reconocimiento. Yo escribo porque quiero que la gente me lea. Escribir es un acto de comunicación entre un emisor y un receptor y si no tienes el receptor está incompleto.

Opino que una vez que has demostrado que escribes y que no lo haces mal, las editoriales deberían tratarte con más respeto. En ocasiones se les hace esperar a los autores en las recepciones por largos períodos, como si no se tratara de profesionales respetables. También la parte de ser generosos con los contratos, porque si como editorial vas a ganar siempre más que el autor, con contratos mezquinos es muy difícil que se dé ese mundo editorial con el que soñamos en Venezuela para que llegue a equipararse con otros más desarrollados en el área, tales como México, Colombia o Argentina.

¿Qué le recomiendas a alguien quien sueña con ser escritor?

Soy de las que piensa que el escritor nace. Si no se tiene la motivación de expresarse de forma escrita por más cursos que se hagan, se va a escribir siempre de forma muy mecánica. Creo que es crucial que defina el o los géneros con los que se sienta más identificado. Recientemente tuve una discusión con un amigo que me decía que la poesía se escribía con la mente. Para mí, si la poesía es mental, ni la escribas ni la leas. Si se le tiene miedo a las emociones, no se puede escribir poesía.

Por otro lado, es medular buscarse a uno o varios orientadores, que lean tus escritos y te den retroalimentación, porque con la crítica es que vas creciendo. Uno mismo no es objetivo con sus textos, hace falta la mirada del otro. Cuando se hace literatura de nada sirve el falso halago, hay gente que te dice: “está lindo”, ¿pero qué haces tú con eso? Se necesita contar con una crítica seria, de tú a tú. Que un conocedor de la materia se involucre con el texto y te diga qué no funciona y por qué, por ejemplo, si hay una incoherencia entre el diálogo y la manera de actuar del personaje.

Pero lo más importante, es escribir mucho y hacerlo con autodisciplina, fijarse un horario donde establezca horas de escritura. Yo pasé un tiempo diciendo que era escritora y prácticamente no escribía. Escribir es realmente una apuesta, porque nadie te garantiza una publicación o un premio. Pero si tu ser te pide que escribas es tu elección prestarle o no atención. Escribir, para mí, es de por sí un proceso terapéutico, porque creo que el hombre es un ser creativo se asuma o no como tal. En mi caso, cuando no le doy salida a la creatividad me siento frustrada e insatisfecha, como si me estuviera asfixiando. Veo a muchos hombres de negocio que sólo prestan atención a las acciones de la bolsa y no practican ninguna actividad creativa, cuando tal vez sean buenos escritores, pintores o músicos, pero algo deben de tener por dentro, porque si no el hombre de las cavernas no hubiese pintado. La creatividad viene implícita con el ser humano.

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Nací en Caracas el 21 de septiembre de 1979. ))) Expansión ((( www.escribarte.com

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